Lunes 21 de Diciembre de 11720 e. H. - 05:36 ensueño roto.
Palamós, Península Ibérica.
Ayer por la noche, después de cerrar la taberna, me preparé para realizar otro intento de viaje al inframundo. Esta vez, sin embargo, la intención es ir directamente sin pasar por el santuario.
Medité un poco y escuché música instrumental ambiental con el nombre de "Occult Ritual Music" mientras charlaba con un camarada de Colombia. Es buen chaval pero muy fantasioso y en seguida salta a comentarme cosas de manga y anime y a tratar de relacionarlas con el ocultismo auténtico en un intento de y si... Mientras él me mandaba whatsapps sobre un sueño que tuvo yo estaba arreglando mi cama y seleccionando unas cartas de tarot: la rueda de la fortuna, el loco, la torre y la templanza; que espero me ayuden a modo de recordatorio subconsciente, poniéndolas dentro de la funda del almohada.
Esta noche en particular será un momento interesante para probar de nuevo ese viaje al inframundo que se me resiste. Cogí el carpesano gris y la flauta de caña -que pongo entre las tapas del susodicho-, pero falta algo, sentí que necesitaba algo de protección, pero qué... abrí el armario, ¿la chupa de cuero de mi padre? ¿una palestina guay? de repente lo veo clarísimo; cojo un intento frustrado de crochetear un cuello de colores, tenía que ser para mi difunto novio, perfecto.
Puse el carpesano con la flauta al lado de mi almohada y encima dejé el cuello horrendo, me sonreí. Solo falta un detalle y a dormir.
Tomé con cariño la calavera de un zorro que mi chico había encontrado de camino a casa una noche intempestiva y que esprayó de plateado un día que se aburría, quería darle glamour me dijo. Me sonrerí de todo. Le pedí a Arkana que se manifestase y mientras beso la frente del zorrillo le pido a Arkana que use ese arquetipo para guiarme. Enternecido me permití abrazar el momento un poco más.
Me fuí a la cama tras despedirme de A. y me puse a concentrarme, notando el cuerpo entero, la circulación energética y reforzando mi identidad y mi forma mental. Cuando me sentí consciente de ello entonces pasé mi atención a fijar mi objetivo para mañana.
Me encomendé a mis antepasados, a mi difunto marido, a mi voluntad y a voluntad la del mundo y en algún punto de todo ello caí dormido.
- - - - Entrando en el sueño - - - -
Vamos con C. de camino a un hotel cerca del aeropuerto, RuPaul está en Barcelona para visitar a las futuras concursantes de DragRace Spain y por algún motivo vamos a intentar convencerle que añada a C. los detalles se me escapan, esta parte es más sueño que nada, pierdo mi atención en la escena y lo siguiente que recuerdo es estar camino a casa de la madre de M. -mi difunto novio- junto a C. y A, una amiga de Terrassa, subimos las escaleras de un portal común del eixample y llamamos a un timbre y esperamos.
Nos abre la madre -curiosamente interpretada por Carmen Maura pero casi calva y vestida como en chandal- que nos recibe con una mezcla de amargura y resignación y nos dirige por un pasillo pequeño al comedor y de allí a la derecha por otro pasillo más largo hacia una habitación más bién pequeña y cuadrada llena de trastos y desorden.
- Esto es todo lo que queda de M. podéis remirar lo que queráis.
Le damos las gracias por mera cordialidad y compasión, la mujer parece rota por dentro aunque no comprenda que nosotrxs también lo estamos. Fué una pérdida muy súbita y rompedora.
Empezamos a remover cosas, hay de todo... basura, ropa y zapatos cubren una cama alta y junto a baratijas un escritorio tocador queda cuasi inundado también, hay dos o tres pantallas de tubo catódico, una consola, una torre de ordenador... parece que buscamos algo en concreto pero aún no tengo el control consceinte del oneiros como para buscar de manera más asertiva, soy un espectador.
Algo capta mi atención, una de las pantallas parece estar emitiendo una luz mortecina y ligeramente interferida por un chisporroteo y tal como la miro se acerca el visual de un ser grotesco; un ser raro con piernas largas estrechas en los tobillos y gruesas en los muslos embutidos en unas mallas de rallas horizontales anchas que solo favorecen el efecto de la pierna larga, el bicho tiene un barrigón cervecero enmarcado por unos elásticos cutres, el cuello es invisible, una gorguera también en fracciones de blanco y negro lo cubre y sirve de apoyo a una papada que contrasta con unos labios grandes pero que parecen estar retraídos, sus ojos están muy abiertos y el tono general de su piel es grisáceo como de pintura satinada -sin saber como explicarlo mejor- incluso en su cogote calvo. Pareciera que se bambolea y farfullea al ritmo de un electroswing ralentizado y vuelto a acelerar sin tratar de harmonizarlo un ápice y eso solo le añade más grima al payaso. Sus dedos son sensiblemente más largos y huesudos y se mueven de forma espasmódica mientras anda hacia la cuarta pared de la pantalla.
La visión ha debido de chocarme mucho porque me desperté y escribí todo esto, pudiendo reflexionar en vigilia creo que tiene algo que ver con M. pero no consigo reconocer el qué, tal vez sea algún tipo de ser egregórico, quizás el cómo nos ve su familia. Voy a ver si vuelvo dentro a ver si saco algo más en claro.
Al volver a entrar, esta vez de manera consciente, me equipo con mis herramientas para lo que pueda ocurrir y le pido a Arkana que se manifieste. Abro la puerta del piso, la madre -de nuevo Carmen Maura- está mucho más nerviosa, rayando el histerismo, me dice que que hago allí que esto es inaceptable y me va diciendo cosas mientras yo la dejo atrás en el comedor y avanzo por el pasillo hacia la habitación; el ser sigue allí, está en una liminalidad curiosa entre la pantalla y mi realidad, tratando de adquirir corporealidad mientras avanza a través de esa cuarta pared.
Doy dos toques al suelo con el bastón como señor reclamando atención, realizo una versión propia más corta pero igualmente intensa del ritual menor del pentagrama y el payaso queda confinado en pantalla, le reprendo y le digo que me muestre lo que oculta, entonces señala uno de los armarios llenos de ropa, peluches y chuminadas y este se abre, el desorden cae hacia dentro de sí dejando entrever un hueco hacia lo que parece una gruta, primero compuesta por la misma acumulación de objetos y luego ya por una materia más mineral.
Le pido a Arkâna, que muestra su forma de zorrilo adorable y etéreo, que me dé un poco de luz y me guíe a través de esa oscuridad. Poco a poco voy avanzando pero según doy algunos pasos más largos me giro y de nuevo está ese ser macabro de circo ahora a cuatro patas y con una expresión más salvaje e insidiosa en su mueca retraída e impactada. Aumento la iluminación con un gesto de mi mano izquierda sobre la cabeza del bastón y le amenazo con que lo siguiente no será sólo una reprimienda, le ordeno que se vaya allá donde pertenezca. La criatura parece amedrentarse y se va.
Sigo andando, la gruta es húmeda, oigo un constante zumbido grave y un degoteo lejano de vez en cuando. Sigo notando algo que me sigue, esta vez son varias señales energéticas, seres menores, no muy problemáticos a no ser que se me echen todos encima. Creo oír uno justo detrás de mi y le entreveo por el rabillo del ojo. Es bajito. Me doy la vuelta rápido y por suerte lo agarro por el brazo, no, por el cuello, le pongo contra la pared sin dejarle tocar el suelo, se trata de un ser de apariencia goblinoide, como el típico diablillo de tamaño reducido, piel más bien áspera y parduzca a poca saturación de color, su cabeza es grande con forma de patata y sus ojos también grandes son completamente negros; el bicho gargarea y balbucea mientras le apunto con el bastón y este se cubre con las manos y patalea casi sin fuerza. Una vez le he dado el vistazo y veo que no es ninguna amenaza le dejo bajar con cierto cuidado y mientras se aleja casi tropezándose le digo que si me atacan no tendré ningún reparo en defenderme pero que no les quiero ningún mal.
Creo que entendieron el mensaje.
Sigo andando un rato más y llego a un estrechamiento que parece ser el final de la gruta, me asomo y veo desde mi perspectiva estraña, como en tercera y primera persona a la vez, una cabeza de víbora pequeña, según se acerca me doy cuenta que en realidad es una "escultura" gargantuesca y rocosa y que por uno de sus ojos o la boca estoy saliendo yo. -Es una tripada interesante, creo que le estoy volviendo a pillar el tranquillo a salir de mi cuerpo.-
Mas allá de la senda ofídea hay una hoquedad gigantesca, una cueva de tamaño descomunal, distingo pocas formas pero a lo lejos puedo ver un conjunto de estalagmitas y estalactitas con muchos puntos titilantes, parece una ciudad esculpida directamente del material de la caverna. Me decido a bajar, lentamente y con pies de plomo, me deslizo serpenteando por la ladera, hasta llegar a lo que parece ser la orilla de un mar interior, más negro que la noche y conteniendo un agua viscosa pero muy ligera, que aún y ser oscura rutila y refleja una miríada de posibilidades coloridas. Me recuerda al océano de los fragmentos de Crónicas Oscuras que también esta sacado de otro mito antiguo.
Decido dejarlo ahí, me siento hambriento, los viajes me dejan reventado aún, pero no me voy sin antes dar un último vistazo a la ciudad de piedra y a la orilla tenebrosa. Marco el lugar con "RÂYÂ" para poder volver sin tener que pasar por esa gruta de nuevo y me despierto.
~> Cosas interesantes de este viaje
- Además de entrar de forma espontánea parece que encontré perfectamente lo que estaba buscando, el océano de fragmentos.
- El payaso grimoso fué lo que mi mente interpretó como guardián ¿?
- Toda la escena parecía igualmente apagada y difuminada.
- La otra vez terminé debilitado y en este caso solo hambriento, ya es una mejora en comparación al otro día.
- Además del océano he encontrado una población, me pregunto si está habitada y que encontraré allí.
- Arkana ha tomado la forma de un zorrillo sin problema alguno, me pregunto si será permanente o si meramente tomará el arquetipo durante un tiempo o si habrá sido solamente para este viaje.
- Arkana aún parece estar en una etapa de infancia.
- Carmen Maura como arquetipo de madre? jajja wtf.
- Es interesante ver que puedo salir también a través de los sueños.