lunes, 21 de diciembre de 2020

Hoy sí: Sueño de una Noche de Invierno

Lunes 21 de Diciembre de 11720 e. H. - 05:36 ensueño roto.
Palamós, Península Ibérica.

Ayer por la noche, después de cerrar la taberna, me preparé para realizar otro intento de viaje al inframundo. Esta vez, sin embargo, la intención es ir directamente sin pasar por el santuario.

Medité un poco y escuché música instrumental ambiental con el nombre de "Occult Ritual Music" mientras charlaba con un camarada de Colombia. Es buen chaval pero muy fantasioso y en seguida salta a comentarme cosas de manga y anime y a tratar de relacionarlas con el ocultismo auténtico en un intento de y si... Mientras él me mandaba whatsapps sobre un sueño que tuvo yo estaba arreglando mi cama y seleccionando unas cartas de tarot: la rueda de la fortuna, el loco, la torre y la templanza; que espero me ayuden a modo de recordatorio subconsciente, poniéndolas dentro de la funda del almohada.

Esta noche en particular será un momento interesante para probar de nuevo ese viaje al inframundo que se me resiste. Cogí el carpesano gris y la flauta de caña -que pongo entre las tapas del susodicho-, pero falta algo, sentí que necesitaba algo de protección, pero qué... abrí el armario, ¿la chupa de cuero de mi padre? ¿una palestina guay? de repente lo veo clarísimo; cojo un intento frustrado de crochetear un cuello de colores, tenía que ser para mi difunto novio, perfecto.

Puse el carpesano con la flauta al lado de mi almohada y encima dejé el cuello horrendo, me sonreí. Solo falta un detalle y a dormir.

Tomé con cariño la calavera de un zorro que mi chico había encontrado de camino a casa una noche intempestiva y que esprayó de plateado un día que se aburría, quería darle glamour me dijo. Me sonrerí de todo. Le pedí a Arkana que se manifestase y mientras beso la frente del zorrillo le pido a Arkana que use ese arquetipo para guiarme. Enternecido me permití abrazar el momento un poco más.

Me fuí a la cama tras despedirme de A. y me puse a concentrarme, notando el cuerpo entero, la circulación energética y reforzando mi identidad y mi forma mental. Cuando me sentí consciente de ello entonces pasé mi atención a fijar mi objetivo para mañana.

Me encomendé a mis antepasados, a mi difunto marido, a mi voluntad y a voluntad la del mundo y en algún punto de todo ello caí dormido.

- - - - Entrando en el sueño - - - -

Vamos con C. de camino a un hotel cerca del aeropuerto, RuPaul está en Barcelona para visitar a las futuras concursantes de DragRace Spain y por algún motivo vamos a intentar convencerle que añada a C. los detalles se me escapan, esta parte es más sueño que nada, pierdo mi atención en la escena y lo siguiente que recuerdo es estar camino a casa de la madre de M. -mi difunto novio- junto a C. y A, una amiga de Terrassa, subimos las escaleras de un portal común del eixample y llamamos a un timbre y esperamos.

Nos abre la madre -curiosamente interpretada por Carmen Maura pero casi calva y vestida como en chandal- que nos recibe con una mezcla de amargura y resignación y nos dirige por un pasillo pequeño al comedor y de allí a la derecha por otro pasillo más largo hacia una habitación más bién pequeña y cuadrada llena de trastos y desorden.

- Esto es todo lo que queda de M. podéis remirar lo que queráis.

Le damos las gracias por mera cordialidad y compasión, la mujer parece rota por dentro aunque no comprenda que nosotrxs también lo estamos. Fué una pérdida muy súbita y rompedora.

Empezamos a remover cosas, hay de todo... basura, ropa y zapatos cubren una cama alta y junto a baratijas un escritorio tocador queda cuasi inundado también, hay dos o tres pantallas de tubo catódico, una consola, una torre de ordenador... parece que buscamos algo en concreto pero aún no tengo el control consceinte del oneiros como para buscar de manera más asertiva, soy un espectador.

Algo capta mi atención, una de las pantallas parece estar emitiendo una luz mortecina y ligeramente interferida por un chisporroteo y tal como la miro se acerca el visual de un ser grotesco; un ser raro con piernas largas estrechas en los tobillos y gruesas en los muslos embutidos en unas mallas de rallas horizontales anchas que solo favorecen el efecto de la pierna larga, el bicho tiene un barrigón cervecero enmarcado por unos elásticos cutres, el cuello es invisible, una gorguera también en fracciones de blanco y negro lo cubre y sirve de apoyo a una papada que contrasta con unos labios grandes pero que parecen estar retraídos, sus ojos están muy abiertos y el tono general de su piel es grisáceo como de pintura satinada -sin saber como explicarlo mejor- incluso en su cogote calvo. Pareciera que se bambolea y farfullea al ritmo de un electroswing ralentizado y vuelto a acelerar sin tratar de harmonizarlo un ápice y eso solo le añade más grima al payaso. Sus dedos son sensiblemente más largos y huesudos y se mueven de forma espasmódica mientras anda hacia la cuarta pared de la pantalla.

La visión ha debido de chocarme mucho porque me desperté y escribí todo esto, pudiendo reflexionar en vigilia creo que tiene algo que ver con M. pero no consigo reconocer el qué, tal vez sea algún tipo de ser egregórico, quizás el cómo nos ve su familia. Voy a ver si vuelvo dentro a ver si saco algo más en claro.

Al volver a entrar, esta vez de manera consciente, me equipo con mis herramientas para lo que pueda ocurrir y le pido a Arkana que se manifieste. Abro la puerta del piso, la madre -de nuevo Carmen Maura- está mucho más nerviosa, rayando el histerismo, me dice que que hago allí que esto es inaceptable y me va diciendo cosas mientras yo la dejo atrás en el comedor y avanzo por el pasillo hacia la habitación; el ser sigue allí, está en una liminalidad curiosa entre la pantalla y mi realidad, tratando de adquirir corporealidad mientras avanza a través de esa cuarta pared.

Doy dos toques al suelo con el bastón como señor reclamando atención, realizo una versión propia más corta pero igualmente intensa del ritual menor del pentagrama y el payaso queda confinado en pantalla, le reprendo y le digo que me muestre lo que oculta, entonces señala uno de los armarios llenos de ropa, peluches y chuminadas y este se abre, el desorden cae hacia dentro de sí dejando entrever un hueco hacia lo que parece una gruta, primero compuesta por la misma acumulación de objetos y luego ya por una materia más mineral.

Le pido a Arkâna, que muestra su forma de zorrilo adorable y etéreo, que me dé un poco de luz y me guíe a través de esa oscuridad. Poco a poco voy avanzando pero según doy algunos pasos más largos me giro y de nuevo está ese ser macabro de circo ahora a cuatro patas y con una expresión más salvaje e insidiosa en su mueca retraída e impactada. Aumento la iluminación con un gesto de mi mano izquierda sobre la cabeza del bastón y le amenazo con que lo siguiente no será sólo una reprimienda, le ordeno que se vaya allá donde pertenezca. La criatura parece amedrentarse y se va.

Sigo andando, la gruta es húmeda, oigo un constante zumbido grave y un degoteo lejano de vez en cuando. Sigo notando algo que me sigue, esta vez son varias señales energéticas, seres menores, no muy problemáticos a no ser que se me echen todos encima. Creo oír uno justo detrás de mi y le entreveo por el rabillo del ojo. Es bajito. Me doy la vuelta rápido y por suerte lo agarro por el brazo, no, por el cuello, le pongo contra la pared sin dejarle tocar el suelo, se trata de un ser de apariencia goblinoide, como el típico diablillo de tamaño reducido, piel más bien áspera y parduzca a poca saturación de color, su cabeza es grande con forma de patata y sus ojos también grandes son completamente negros; el bicho gargarea y balbucea mientras le apunto con el bastón y este se cubre con las manos y patalea casi sin fuerza. Una vez le he dado el vistazo y veo que no es ninguna amenaza le dejo bajar con cierto cuidado y mientras se aleja casi tropezándose le digo que si me atacan no tendré ningún reparo en defenderme pero que no les quiero ningún mal.

Creo que entendieron el mensaje.

Sigo andando un rato más y llego a un estrechamiento que parece ser el final de la gruta, me asomo y veo desde mi perspectiva estraña, como en tercera y primera persona a la vez, una cabeza de víbora pequeña, según se acerca me doy cuenta que en realidad es una "escultura" gargantuesca y rocosa y que por uno de sus ojos o la boca estoy saliendo yo. -Es una tripada interesante, creo que le estoy volviendo a pillar el tranquillo a salir de mi cuerpo.-

Mas allá de la senda ofídea hay una hoquedad gigantesca, una cueva de tamaño descomunal, distingo pocas formas pero a lo lejos puedo ver un conjunto de estalagmitas y estalactitas con muchos puntos titilantes, parece una ciudad esculpida directamente del material de la caverna. Me decido a bajar, lentamente y con pies de plomo, me deslizo serpenteando por la ladera, hasta llegar a lo que parece ser la orilla de un mar interior, más negro que la noche y conteniendo un agua viscosa pero muy ligera, que aún y ser oscura rutila y refleja una miríada de posibilidades coloridas. Me recuerda al océano de los fragmentos de Crónicas Oscuras que también esta sacado de otro mito antiguo.

Decido dejarlo ahí, me siento hambriento, los viajes me dejan reventado aún, pero no me voy sin antes dar un último vistazo a la ciudad de piedra y a la orilla tenebrosa. Marco el lugar con "RÂYÂ" para poder volver sin tener que pasar por esa gruta de nuevo y me despierto.

~> Cosas interesantes de este viaje

- Además de entrar de forma espontánea parece que encontré perfectamente lo que estaba buscando, el océano de fragmentos.

- El payaso grimoso fué lo que mi mente interpretó como guardián ¿?

- Toda la escena parecía igualmente apagada y difuminada.

- La otra vez terminé debilitado y en este caso solo hambriento, ya es una mejora en comparación al otro día.

- Además del océano he encontrado una población, me pregunto si está habitada y que encontraré allí.

- Arkana ha tomado la forma de un zorrillo sin problema alguno, me pregunto si será permanente o si meramente tomará el arquetipo durante un tiempo o si habrá sido solamente para este viaje.

- Arkana aún parece estar en una etapa de infancia.

- Carmen Maura como arquetipo de madre? jajja wtf.

- Es interesante ver que puedo salir también a través de los sueños.

viernes, 29 de mayo de 2020

Aún no

Viernes 29 de Mayo de 11720 e. H. - 12:00 a tiempo roto
Terrassa, Península Ibérica.

Hoy me propuse de una vez por todas penetrar en el Inframundo.
Lo he hecho sin música. Me eché más o menos recostado en el sofá, hay la serie de Cristal Oscuro de fondo.

Sabiendo que me es difícil me lo tomo con calma. Respiro con calma, me acomodo y relajo mi cuerpo. Empiezo a ver, primero una bruma violácea y verdosa se forma en la pared de mis párpados. Luego creo la imagen de mi santuario interior. Noto la hierba y como mis dedos corren entre briznas y aire, la sensación de cielo abierto, frescor, la pendiente y dirección del espacio y el tiempo se ralentiza en mi.

Ir al Inframundo me cuesta horrores. Me equipo y le pido a Arkâna que me acompañe, que sea mi farolillo en un espacio sin vida, su puntillismo se desprende del altar de roca en medio del estanque.

Me pongo ahora frente al inicio del camino que se interna en el bosque y hago lo que Tejón me sugirió, con la mano izquierda sujeto la realidad frente a mí y con la derecha empiezo a hacer giros anchos mientras improviso un pequeño encantamiento.

- Vida más allá de la vida, la muerte es solamente un cambio.

Lo repito varias veces, mientras giro la mano al estilo del Dr. Strange y pronto observo una deformación en la realidad, empiezo a andar a través de esa deformación.

Ahora me encuentro yendo a través de ese camino oculto que antes ofrecía cierta reticencia a mostrarse. Los árboles se arrugan y disminuyen en número siendo sustituidos por matorrales, arbustos y otra vegetación más baja. Toda la escena tiene tonos apagados y ciertamente difuminados pero las formas parecen más perfiladas y dispuestas a herir a cualquier incauto.

Escucho agua y llego a un ensanchamiento del camino, la escena está partida en diagonal por un río que aún y en aparente tranquilidad se nota que lleva un gravedad especial.
Un puente parece permitir cruzar el río con seguridad pero hay una figura lúgubre sentada justo al lado. Lleva una capucha raída y puedo ver unos ojos ofidios devolviéndome la mirada.

Me inclino un poco para mostrar respeto y lo saludo.

- Buenas. Quisiera ir al Inframundo, imagino que si atravieso el puente podré llegar allí.

- Eso es correcto. Pero no puedo dejarte pasar.

- ¿Porqué?

- Yo guardo este puente. Si quieres pasar solo hay una manera de hacerlo.- En ese momento el ser se levanta y desgarrando su ropa deja ver un cuerpo escamoso y serpentino.

Quedo algo impresionado por el momento. Pero mi resolución es firme.

- Necesito pasar, sí o sí.- Digo mientras me preparo para luchar.

Siento que Arkâna está vibrando con más excitación, doy un par de pasos decididos y pongo mi mano izquierda tocando mi grimorio, mientras con la derecha pongo más fuerza en el agarre de mi vara.

- Puedes pasar.- Toda la tensión en la situación se desvanece.

Para mi sorpresa el ser se aparta, me siento incómodo. Ha sido fácil y no se a qué venía el teatrillo, quizás necesitaba comprobar mi voluntad o algo así. Tomo algunas respiraciones para relajarme y me acerco al puente. Parece viejo y las cuerdas hacen ese ruido tan característico de las películas cuando lo piso un poco.

No hay caso en pensárselo mucho. Me agarro al puente con ambas manos y poco a poco paso, la tensión sigue creciendo en mí y según voy pasando el puente me siento más pesado y algo más frío. Era de esperar supongo. Sigo adelante y al poco llego a la otra vera.

La escena es aún más tétrica, los árboles hacen formas lóbregas y todo tiene tonos más apagados y fríos aún, con un tinte violáceo. Hay un camino que va a la derecha, como bajando hacia el río y mirando a la izquierda veo aún otro camino entre zarzas y maleza.

Me detengo en seco, realmente no me da buena vibra nada de esto, incluso respirar se me hace pesado. Veo un camino también abriéndose frente a mí, pero percibo una presencia extraña cerca.
Ni bueno ni malo, pero percibo algo. Definitivamente ahora mismo no estoy preparado para este viaje. Me siento en relativo peligro.

Primero pruebo a dar marcha atrás, manteniendo mi mirada hacia el camino, pero en seguida comprendo que no va a ser una opción, mis piernas se sienten casi inmóviles y sin la atención necesaria en el puente quizás podría caer. Me detengo. Respiro.

Arkâna está iluminando la zona así que veré que hay cerca -a no ser que venga algo invisible jajjaj- de nuevo sostengo mi realidad en la izquierda y doy vueltas con la derecha.

- En ningún lugar como en casa.- Voy repitiendo mientras me enfoco en mi santuario.

Sencillamente no estoy preparado aún para este viaje.

Cuando el portal está formado lo atravieso y respiro con más calma, me limpio mentalmente y me embebo de mi mismo un poco sintiendo que recupero mi estado normal. Acto seguido me aseguro que nada me haya seguido y abro los ojos.

Fuck jaja, cuánta tensión.

~> Cosas interesantes de este viaje

- He tenido que forzar mi entrada al Inframundo.

- Había un guardián frente al puente con forma serpentina.

- Toda la escena parecía más apagada y difuminada.

- La sensación de pesadez y poca vitalidad ha sido intensa.

- Esa otra presencia me ha inquietado por lo neutra que parecía.

martes, 19 de mayo de 2020

Kodamas

Martes 19 de Mayo de 11720 e.H - 14:00 a tiempo roto
Terrassa, Península Ibérica.

Esta vez no he puesto incienso y la música es Tranquilitas de NUMA, he dejado la ventana entreabierta. Me siento en el sofá, me relajo, respiro paz hasta que todo mi ser se encuentra en calma.
Hoy el día es claro, hay pajaritos cantando y algún que otro grito.

Me cuesta un poco y hay varias interrupciones.

Tomo consciencia de mi cuerpo, de mi mente, de mi espíritu e intento mover mi vehículo astral en la oscuridad de la meditación.
Ahora, sin problemas.

La yerba se siente fresca y me hace cosquillas allí donde toca mi piel, reconozco el espacio, hay el chisporroteo del agua cayendo por la fuente, abro mi visión y ese momento suspendido de crepúsculo inunda mi percepción, me incorporo, miro alrededor. No hay cambios en mi santuario interior. Me levanto. Me acerco a la fuente y toco la piedra granítica de la que esta hecha. Es importante embriagar los sentidos con esta nueva realidad para afianzarme en ella.

Cuando me siento más o menos estable rodeo la piedra y sigo por el camino, siguiendo el mismo hilo de agua que sale de la fuente hacia el bosque. Realmente no sabía si aparecería en el mismo sitio que terminé ayer. Esta vez al enfilar por el camino y llegar al cruce he ido directamente hacia la derecha, prefiero conocer bien mis vecindades que profundizar mucho en una dirección y descuidar la otra. El camino serpentea y está delimitado igualmente por piedras pequeñas. Ando un rato pero al poco empiezo a fijarme que los árboles son algo más grandes que antes, sigo andando con cuidado de no tropezar con algunas raíces que sobresalen del suelo.
Miro a un lado y veo que fuera del camino justo al lado de las piedras hay unos seres diminutos, los más grandes son como mi mano abierta y los más pequeños me cabrían en la palma.

Según avanzo los seres me miran y se mueven conmigo escalando ramas caídas, piedras y sorteando los obstáculos como pueden. Me recuerdan a los kodamas de la mitología japonesa, al principio los confundí con piedras, pero en seguida me percaté de su vitalidad.

Llego a un ensanchamiento en el camino, la nueva escena se dibuja para ser cortada de inmediato por un río poco caudaloso que pasa de mi derecha hacia mi izquierda, saltando desde un desnivel hacia el bosque. Los kodamas se detienen y se amontonan unos sobre otros, su paso parece estar dificultado por unos hilos de agua que en vez de pasar por detrás de un gran árbol viejo y moribundo se dispersan por otras rocas y pasan por delante del susodicho árbol para reunirse luego con el río de nuevo e internarse en la espesura, a mi derecha, más allá del montón de pequeños espíritus del bosque me fijo en un camino más estrecho que parece subir hacia arriba, seguramente escalando el saliente rocoso y más adelante, más allá del riachuelo, el camino sigue su curso también hacia dentro del bosque.

Tomo asiento sobre unas rocas grandes a mi izquierda y saco una manzana roja como la sangre mientras sopeso lo ilógico que es que los kodamas no atraviesen el hilo de agua. Los veo, en segundo plano, levantando sus pequeñitos brazos en un gesto que parece pedir ayuda. Miro la manzana, los miro a ellos y veo como desde mi lado del camino otros duendes están subiendo por la roca y por mis piernas, su presencia sobre mí cuerpo me produce cosquillas y una sensación de electricidad estática. Me río mientras siguen subiendo y cuando quiero darme cuenta tengo a unos cuantos envolviendo mis manos agarrando la manzana.

Me levanto suavemente y dejo la manzana encima de las rocas.

- Está bien, está bien, si queréis la manzana es vuestra, jajaja...

Los que estaban sobre mí ahora están bajando y se dirigen a la manzana que de repente estalla convirtiéndose en un árbol que crece tuerto por encima del río soltando un mascullo que me recuerda a una mezcla de lamento y bostezo. 

- Wow!

Pego un paso largo hacia atrás y contemplo un momento lo que acaba de ocurrir, me ha parecido precioso. Asiento y sonrío. Cojo tres piedras más bien planas y las pongo sobre los hilos de agua construyendo un puente para los kodamas sin impedir su regreso al cauce principal. Los kodamas vuelven varias veces la vista entre las piedras y yo, lo hacen lentamente y sin expresión. Parecen algo lentos de comprensión. Doy un paso en dirección al árbol viejo, me arrodillo y doy unos toquecitos sobre el pequeño puente, de repente los kodamas parecen darse cuenta que pueden cruzar por encima y se apresuran a hacerlo. Me levanto y me pongo a un lado.

Según los pequeños duendes van cruzando se ponen todos en corro alrededor del árbol y cuando el círculo queda cerrado se ponen a hacer un baile muy cuco, primero levantan las manitas hacia arriba como implorando al árbol, después parece que dan unas pataditas y luego dan una vuelta en sentido contra horario con una patita en el aire, cuando acaban esto dan un pasito al lado y repiten los mismo.

Tras unos instantes de bailar unos puntos de brillo empiezan a subir del suelo oscuro y fértil hacia la copa del árbol, parece pulsar y percibo una energía distinta en el ambiente. El árbol ahora empieza a recuperar una cierta tensión en las ramas, el color de su corteza se vivifica tomando ricas tonalidades de rojizo oscuro. Los kodamas parecen alegres y lo celebran, algunos saltan, otros juegan y otros parecen seguir haciendo bailes monos. La escena me parece tierna pero sin poder disfrutarla mucho me invade la idea de acostarme frente al árbol y lo hago. 

Mi cabeza queda recostada en dirección al río y mis pies quedan mirando hacia mi camino de venida. Los kodamas me miran, se miran entre ellos y empiezan a rodearme, se dan las manos y hay un momento de quietud, hago una respiración para relajarme y tímidamente uno rompe la hilera y se me acerca, prestos, los otros le siguen y se amontonan sobre mi lado derecho, empiezan a presionar mi cuerpo con sus manitas y noto decenas de diminutas cosquillas sobre el cuello, el hombro, el brazo y las costillas. Por un rato he dejado de sentir el bulto que tengo en la tiroides. Ha estado guay, casi me duermo.

Tras eso me levanto y me permito disfrutar un rato más de la sensación de paz que hay en ese lugar. Me siento un rato a la sombra del árbol y veo que los kodamas están subiéndose por los contornos de la corteza. Por hoy ya está pero creo que la próxima vez les haré también un puente para pasar el río.

Los caminos que puedo tomar desde ahí son seguir al frente cruzando, subir por el saliente y volver atrás. Aunque creo que según cómo podría seguir el curso del río, incluso si es más difícil.

~> Cosas interesantes de este viaje

- Ha sido más corto, pero he conseguido notar la vibra del lugar.

- He encontrado kodamas o algo que se les parece.

- Esos seres parecen amigables y más bien beneficiosos.

- No sé si el no pasar por el agua ha sido real o para engañarme.

- El árbol rojo me dio la impresión de estar enfermo.

lunes, 18 de mayo de 2020

Maléfica

Lunes 18 de Mayo de 11720 e.H - de 13:00 a 14:30
Terrassa, Península Ibérica.

Enciendo una varilla de incienso de canela y la dejo quemar en mi habitación, hay pájaros cantando y tengo puesto de fondo a Aurora que en general es música suave, llevo el gorro de unicornio de Mele y estoy de buen humor.

Me siento en el sofá cama, con las piernas cruzadas y dejo reposar el anverso de la mano derecha sobre la palma de la mano izquierda, regulo mi respiración y cuando el ritmo tranquilo se vuelve constante relajo mi cuerpo a consciencia mientras formo una imagen de mi con el sentido del tacto y la propiocepción.

Cuando la imagen es estable me muevo en mi nuevo medio astral, abro mi nueva visión y allí estoy, en la colina, sentado en mi sitio, frente a la fuente de cara al bosque espeso que representa el límite de mi santuario interior, me levanto y vago un poco por el lugar para acostumbrarme al movimiento y mi percepción del espacio.

Cuando me considero preparado, rodeo la fuente y sigo el camino hacia dentro del bosque, pronto la luz de mi espacio se pierde y es reemplazada por una ambientación verde-violácea en la oscuridad de mis párpados cerrados, las figuras arbóreas forman una pared que parece difícil de franquear, sigo el camino hasta llegar a un cruce, tengo un camino a la izquierda y otro a la derecha, me doy la vuelta y el camino por el que venía ha sido sustituido por otro distinto.

Abro los ojos, me desoriento un poco, voy a mear y vuelvo.

Al volver y entrar de nuevo en esa visión decido tomar el camino que queda a mi izquierda, lo sigo por un momento, el camino sigue curvándose hasta que llego a un claro. allí la iluminación tiene un tinte más verdoso, directamente al frente, unos metros más allá, hay una escalera de peldaños bajos que conecta a lo que parece una terraza o cenador cercado por una baranda robusta de la que salen dos pilares coronados con algo que parecen arcos invertidos, uno de los pilares está roto, caído en medio de la galería, el otro lado se hace imposible de ver ya que la vegetación parece estar conquistando la estructura.

Me adelanto y subo lentamente por la escalera, pero paro en seco porque me parece ver un ojo del tamaño de mi cabeza hacia el final de la terraza, tras un momento de prudencia y precaución termino de subir los últimos peldaños y doy unos pasos hasta la columna caída, otro paso largo y unos más pequeños me llevan al final de la glorieta… Nada raro. El espacio esta hecho como de una piedra granulosa pero suave y de un color crudo parecido al hueso viejo.

Desde ahí arriba veo el resto de la zona, el camino por el que he entrado queda ahora a mi izquierda y justo a bajo, unos metros más allá de la baranda frente a mí hay una piedra puesta de pie, como un pequeño menhir algo más alto que yo, tal vez metro y tres cuartos, parece plantado en el suelo y a su alrededor delimitado por un círculo de piedras la tierra está batida sin maleza ni hojarasca, solo tierra y el pedrusco ahí puesto… a mi derecha se abre otra zona con más plantas a la que me descuelgo desde mi ubicación actual.

Tuerzo a la izquierda desde ahí y me dirijo al megalito, parece normal, doy una vuelta en sentido horario, es una piedra, no tiene grabados, no noto ninguna energía distinta, el tacto es suave y frío, miro el suelo sin descubrir nada raro y al terminar la vuelta veo que en la glorieta ha aparecido una mesita con dos sillas y un set de té para dos.

Levanto una ceja, no he notado nada, tal vez se debe a la naturaleza onírica del lugar, vuelvo a dirigirme a las escaleras, subo y me quedo frente a la mesita, es de confección sencilla, una superficie redonda de piedrecillas variadas haciendo un mosaico azaroso sin formas o patrones concretos y unas patas que parecen hechas de hierro negro. El set de té parece porcelana delicada, blanca y ligera, con los bordes de las piezas reseguidos por una filigrana dorada y adornadas con motivos florales rosados y verdes de trazo sencillo y elegante.

Me lo miro un momento, sopesando, acerco la mano y con el anverso toco la tetera, está caliente y pesa, seguramente está llena. Me rasco un poco la cabeza, me encojo de hombros y me decido a tomar el té. Tal y como cojo la tetera de entre la espesura frente a mi sale un velo disparado, negro como el azabache, que pasa por encima de mi cabeza y cae en medio de la senda. Mi primera reacción es de alerta, suelto la tetera y me giro cubriéndome con las manos -no lo noté!- ante mi se yergue una figura algo más alta que yo, esbelta y cubierta con ropajes opacos pero vaporosos de un color negro y profundo como una noche sin luna, una máscara blanca de rostro apacible pero extrañamente inquietante cubre la cara de ese ser.

Me relajo, no percibo agresividad, pero me mantengo alerta por si se diera el caso. Le pregunto quién es a lo que el ser responde “Maléfica”. Lo que explico ahora es una aproximación de cómo fue el diálogo entre nosotrxs.

– No creo que ese sea tu nombre, pero seguramente resuenas con lo que ese personaje despierta en mi. ¿Hiciste aparecer tu el set de té?

– Si. – Su voz suena tranquila y aterciopelada aunque femenina.

– ¿Quieres que tomemos el té? -Digo mientras señalo la mesita con un gesto de ofrecimiento.-

– Si.- Su respuesta parece honesta.-

Maléfica se desplaza de forma extraña, parece levitar más que andar y entre el tiempo que me da de pestañear y girar la cabeza ella ya está sentándose frente a mi, hago una pequeña reverencia y me siento. Nos sirvo, a ella primero y luego a mi, el agua está caliente y al entrar en la taza chisporrotea un poco, el aroma se abre rápido y una familiar fragancia a rosas sorprende a mi nariz evocando seguridad en mí. Maléfica toma la taza.

– ¿Vas a quitarte la máscara? –

– No. – Dice mientras se acerca la taza y la inclina.-

– Lo entiendo… Uhm… por cierto, con todo el respeto pero yo no voy a tomar té, he leído demasiados cuentos de hadas como para saber que no debo, espero que puedas entenderlo.- Comento con una sonrisa

Percibo el movimiento de tragar y cuando deja la taza es obvio que tomó un sorbo. Interesante pienso para mis adentros.

– Eso es inteligente.- Dice mientras vuelve su mirada a mí.

– ¿Sabes dónde estamos? – Le pregunto gesticulando alrededor.

– Por supuesto. ¿Tú qué crees? –

– Si he de juzgar, creo que esto es un cruce de mi mundo a otros o el punto en que mi alma se encuentra con otros mundos, o algo así.-

– No, no del todo. De momento es una representación de las cosas que tocan tu alma o mejor dicho de como tu alma las interpreta.

– Wow… –

Mientras suelto este asombro me tomo la oportunidad para oler otra vez la infusión de rosas y disfrutar de las sensaciones y los recuerdos. Ella también toma otro sorbo e inclina su cabeza un poco, si pudiera ser osado diría que con algo de curiosidad.

– Puedes ayudarme a salir de aquí y continuar mi camino?

– Tal vez. Si confías en mí podría convertirte en ratón y podrías ir por esa puerta de allí.- Dice mientras señala detrás de mi a la izquierda.

– Discúlpame, pero no creo que confíe en ti tanto como para eso aún.-

– No, no. Al contrario. Es bueno desconfiar de quien conoces por aquí.-

– ¿El té está encantado? – Digo meneando suavemente la taza.

-Si.- Se ríe como una criatura a la que ves haciendo una travesura.-

– ¡Ah… qué lástima! Con lo que me apetecía.- Tiro los brazos atrás y me paso las manos por la cara.- Bueno, no passa res… Pero entonces ¿si se lo tiro a la piedra ocurriría algo?- Señalando la roca con la taza.-

– No creo…-

– ¿Y si me lo bebo, me haré grande o fuerte o algo así?

-Depende…- Dice riéndose un poco.-

-Bueno.- Digo levantándome de un salto.- ¿Le apetece acompañarme a inspeccionar un poco más la escena?

Pongo mi mano derecha tras mi espalda y le doy la zurda en un puño haciéndome parecer un señor mientras le ofrezco una amplia sonrisa. Ella me mira por un segundo, se levanta y mientras me toma el brazo con su otra mano hace un gesto de agarrar que toma una vara justo acabada de materializar del vapor de la infusión y la luz del entorno. La ayudo a pasar el pilar derruido y al tomarle la mano me fijo en que sus dedos son finos y alargados, su mano es suave y tierna como el melocotón pero el color de su piel es de un tono pálido y verdoso en contraste con el de sus uñas que son de un color lila profundo, bajamos las escalerillas y con la calma avanzamos hacia el megalito. La miro, nos desligamos los brazos yo entro en el círculo de piedritas doy la vuelta al pedrusco y la miro de nuevo.

-Aquí hay algo raro, no sé que es y no percibo nada, pero algo me dice que aquí hay un camino.- Digo frunciendo el ceño.-

Ella me mira e inclina un poco la cabeza como quien no entiende algo y luego gira su atención hacia aún más atrás, en la esquina opuesta por la que entré a esta zona. Le vuelvo a ofrecer el brazo y andamos hacia allí siguiendo el camino principal. A los pocos pasos paramos de nuevo y ella señala una puertecita del tamaño de mi puño empotrada en el tronco de un árbol.

-Ya… Por esa puerta pasaría como ratón, supongo.-

-¿Si paso por detrás de la terraza a dónde llego?- Digo señalando con el dedo a un agujero que dejan los árboles de detrás de la glorieta.- Por allí podría pasar incluso si no me transformas en ratón. ¿Verdad?-

-Por allá irías a algún sitio fuera de aquí, ciertamente. ¿Pero no te da miedo? Parece oscuro y las ramas tienen formas extrañas.- Dice agachándose y señalando también.

Se levanta, damos la vuelta y nos volvemos al centro del claro frente al círculo de piedras más o menos.

-Bueno, no creo que haya mucho más que necesitemos hablar ahora mismo.- Digo mientras le doy un vistazo a todo.-

-No lo parece.- Afirma soltándose de mi brazo y separándose un par de pasos atrás.- Me iré entonces.

-¿Podrías decirme como te llamo de nuevo? ¿Qué símbolo uso?

– Ya sabes que no voy a decírtelo.-

– Está bien, lo respeto.- Le sonrío.- Crearé un sello para mi simpatía contigo igualmente, pero pensé en pedírtelo por si te sentías más cómoda con otro que pudieras darme tu misma. En cualquier caso, gracias por el momento que me has regalado.- Vuelvo a tomar su mano y esta vez le doy un beso en los nudillos pero me fijo en que lleva un anillo con un emblema parecido a una rosa.- Espero que nos veamos pronto.

En lo que tardo en ponerme derecho de nuevo y refrescar la vista ella ya se ha ido, sin ruidos, ni rastros ni visiones por el rabillo del ojo.

Bien, aunque aquí el tiempo no corre igual se me esta haciendo tarde, me pongo a investigar un poco más, me acerco a la puerta de nuevo y me la quedo mirando, pongo una mueca de duda y me pongo a nivel de suelo para mirarla de cerca, la presiono con un dedo, parece que al otro lado hay hueco, me giro hacia la derecha y miro el paso debajo los árboles, efectivamente, está oscuro y parece que hay unas ramas de aspecto bastante feo, no peligrosas pero si algo lúgubres.

Me rasco la cabeza, vuelvo a girarme para el menhir y voy hacia allí, esta vez lo rodeo en el sentido contrario al reloj y entonces lo veo, escondido tras una ilusión óptica hay otro camino de tierra batida como la que hay alrededor de la roca.

Entonces, hay cuatro caminos por los que puedo ir: puedo volver por el mismo camino por el que vine y probar el otro camino, puedo tirar por el camino de la roca, puedo tirar por la puerta o puedo tirar por el camino que hay bajo los árboles.

Al acabar el viaje me siento bien y motivado y si hago un repaso de mí creo que estoy bien, mi estado energético y psíquico están normales.

~> Cosas interesantes de este viaje:

– Ese espacio es muy metamórfico, tal vez por su naturaleza limítrofe.

– No he percibido la aparición o desaparición de ningún objeto o ente.

- El ente que he conocido ha decidido llamarse Maléfica ante mí.

– Las tazas, la tetera, la infusión y el anillo tenían el símbolo de la rosa.

– Ella se ha ofrecido a transformarme en ratón sin pedir nada.