Lunes 18 de Mayo de 11720 e.H - de 13:00 a 14:30
Terrassa, Península Ibérica.
Enciendo una varilla de incienso de canela y la dejo quemar en mi habitación, hay pájaros cantando y tengo puesto de fondo a Aurora que en general es música suave, llevo el gorro de unicornio de Mele y estoy de buen humor.
Me siento en el sofá cama, con las piernas cruzadas y dejo reposar el anverso de la mano derecha sobre la palma de la mano izquierda, regulo mi respiración y cuando el ritmo tranquilo se vuelve constante relajo mi cuerpo a consciencia mientras formo una imagen de mi con el sentido del tacto y la propiocepción.
Cuando la imagen es estable me muevo en mi nuevo medio astral, abro mi nueva visión y allí estoy, en la colina, sentado en mi sitio, frente a la fuente de cara al bosque espeso que representa el límite de mi santuario interior, me levanto y vago un poco por el lugar para acostumbrarme al movimiento y mi percepción del espacio.
Cuando me considero preparado, rodeo la fuente y sigo el camino hacia dentro del bosque, pronto la luz de mi espacio se pierde y es reemplazada por una ambientación verde-violácea en la oscuridad de mis párpados cerrados, las figuras arbóreas forman una pared que parece difícil de franquear, sigo el camino hasta llegar a un cruce, tengo un camino a la izquierda y otro a la derecha, me doy la vuelta y el camino por el que venía ha sido sustituido por otro distinto.
Abro los ojos, me desoriento un poco, voy a mear y vuelvo.
Al volver y entrar de nuevo en esa visión decido tomar el camino que queda a mi izquierda, lo sigo por un momento, el camino sigue curvándose hasta que llego a un claro. allí la iluminación tiene un tinte más verdoso, directamente al frente, unos metros más allá, hay una escalera de peldaños bajos que conecta a lo que parece una terraza o cenador cercado por una baranda robusta de la que salen dos pilares coronados con algo que parecen arcos invertidos, uno de los pilares está roto, caído en medio de la galería, el otro lado se hace imposible de ver ya que la vegetación parece estar conquistando la estructura.
Me adelanto y subo lentamente por la escalera, pero paro en seco porque me parece ver un ojo del tamaño de mi cabeza hacia el final de la terraza, tras un momento de prudencia y precaución termino de subir los últimos peldaños y doy unos pasos hasta la columna caída, otro paso largo y unos más pequeños me llevan al final de la glorieta… Nada raro. El espacio esta hecho como de una piedra granulosa pero suave y de un color crudo parecido al hueso viejo.
Desde ahí arriba veo el resto de la zona, el camino por el que he entrado queda ahora a mi izquierda y justo a bajo, unos metros más allá de la baranda frente a mí hay una piedra puesta de pie, como un pequeño menhir algo más alto que yo, tal vez metro y tres cuartos, parece plantado en el suelo y a su alrededor delimitado por un círculo de piedras la tierra está batida sin maleza ni hojarasca, solo tierra y el pedrusco ahí puesto… a mi derecha se abre otra zona con más plantas a la que me descuelgo desde mi ubicación actual.
Tuerzo a la izquierda desde ahí y me dirijo al megalito, parece normal, doy una vuelta en sentido horario, es una piedra, no tiene grabados, no noto ninguna energía distinta, el tacto es suave y frío, miro el suelo sin descubrir nada raro y al terminar la vuelta veo que en la glorieta ha aparecido una mesita con dos sillas y un set de té para dos.
Levanto una ceja, no he notado nada, tal vez se debe a la naturaleza onírica del lugar, vuelvo a dirigirme a las escaleras, subo y me quedo frente a la mesita, es de confección sencilla, una superficie redonda de piedrecillas variadas haciendo un mosaico azaroso sin formas o patrones concretos y unas patas que parecen hechas de hierro negro. El set de té parece porcelana delicada, blanca y ligera, con los bordes de las piezas reseguidos por una filigrana dorada y adornadas con motivos florales rosados y verdes de trazo sencillo y elegante.
Me lo miro un momento, sopesando, acerco la mano y con el anverso toco la tetera, está caliente y pesa, seguramente está llena. Me rasco un poco la cabeza, me encojo de hombros y me decido a tomar el té. Tal y como cojo la tetera de entre la espesura frente a mi sale un velo disparado, negro como el azabache, que pasa por encima de mi cabeza y cae en medio de la senda. Mi primera reacción es de alerta, suelto la tetera y me giro cubriéndome con las manos -no lo noté!- ante mi se yergue una figura algo más alta que yo, esbelta y cubierta con ropajes opacos pero vaporosos de un color negro y profundo como una noche sin luna, una máscara blanca de rostro apacible pero extrañamente inquietante cubre la cara de ese ser.
Me relajo, no percibo agresividad, pero me mantengo alerta por si se diera el caso. Le pregunto quién es a lo que el ser responde “Maléfica”. Lo que explico ahora es una aproximación de cómo fue el diálogo entre nosotrxs.
– No creo que ese sea tu nombre, pero seguramente resuenas con lo que ese personaje despierta en mi. ¿Hiciste aparecer tu el set de té?
– Si. – Su voz suena tranquila y aterciopelada aunque femenina.
– ¿Quieres que tomemos el té? -Digo mientras señalo la mesita con un gesto de ofrecimiento.-
– Si.- Su respuesta parece honesta.-
Maléfica se desplaza de forma extraña, parece levitar más que andar y entre el tiempo que me da de pestañear y girar la cabeza ella ya está sentándose frente a mi, hago una pequeña reverencia y me siento. Nos sirvo, a ella primero y luego a mi, el agua está caliente y al entrar en la taza chisporrotea un poco, el aroma se abre rápido y una familiar fragancia a rosas sorprende a mi nariz evocando seguridad en mí. Maléfica toma la taza.
– ¿Vas a quitarte la máscara? –
– No. – Dice mientras se acerca la taza y la inclina.-
– Lo entiendo… Uhm… por cierto, con todo el respeto pero yo no voy a tomar té, he leído demasiados cuentos de hadas como para saber que no debo, espero que puedas entenderlo.- Comento con una sonrisa
Percibo el movimiento de tragar y cuando deja la taza es obvio que tomó un sorbo. Interesante pienso para mis adentros.
– Eso es inteligente.- Dice mientras vuelve su mirada a mí.
– ¿Sabes dónde estamos? – Le pregunto gesticulando alrededor.
– Por supuesto. ¿Tú qué crees? –
– Si he de juzgar, creo que esto es un cruce de mi mundo a otros o el punto en que mi alma se encuentra con otros mundos, o algo así.-
– No, no del todo. De momento es una representación de las cosas que tocan tu alma o mejor dicho de como tu alma las interpreta.
– Wow… –
Mientras suelto este asombro me tomo la oportunidad para oler otra vez la infusión de rosas y disfrutar de las sensaciones y los recuerdos. Ella también toma otro sorbo e inclina su cabeza un poco, si pudiera ser osado diría que con algo de curiosidad.
– Puedes ayudarme a salir de aquí y continuar mi camino?
– Tal vez. Si confías en mí podría convertirte en ratón y podrías ir por esa puerta de allí.- Dice mientras señala detrás de mi a la izquierda.
– Discúlpame, pero no creo que confíe en ti tanto como para eso aún.-
– No, no. Al contrario. Es bueno desconfiar de quien conoces por aquí.-
– ¿El té está encantado? – Digo meneando suavemente la taza.
-Si.- Se ríe como una criatura a la que ves haciendo una travesura.-
– ¡Ah… qué lástima! Con lo que me apetecía.- Tiro los brazos atrás y me paso las manos por la cara.- Bueno, no passa res… Pero entonces ¿si se lo tiro a la piedra ocurriría algo?- Señalando la roca con la taza.-
– No creo…-
– ¿Y si me lo bebo, me haré grande o fuerte o algo así?
-Depende…- Dice riéndose un poco.-
-Bueno.- Digo levantándome de un salto.- ¿Le apetece acompañarme a inspeccionar un poco más la escena?
Pongo mi mano derecha tras mi espalda y le doy la zurda en un puño haciéndome parecer un señor mientras le ofrezco una amplia sonrisa. Ella me mira por un segundo, se levanta y mientras me toma el brazo con su otra mano hace un gesto de agarrar que toma una vara justo acabada de materializar del vapor de la infusión y la luz del entorno. La ayudo a pasar el pilar derruido y al tomarle la mano me fijo en que sus dedos son finos y alargados, su mano es suave y tierna como el melocotón pero el color de su piel es de un tono pálido y verdoso en contraste con el de sus uñas que son de un color lila profundo, bajamos las escalerillas y con la calma avanzamos hacia el megalito. La miro, nos desligamos los brazos yo entro en el círculo de piedritas doy la vuelta al pedrusco y la miro de nuevo.
-Aquí hay algo raro, no sé que es y no percibo nada, pero algo me dice que aquí hay un camino.- Digo frunciendo el ceño.-
Ella me mira e inclina un poco la cabeza como quien no entiende algo y luego gira su atención hacia aún más atrás, en la esquina opuesta por la que entré a esta zona. Le vuelvo a ofrecer el brazo y andamos hacia allí siguiendo el camino principal. A los pocos pasos paramos de nuevo y ella señala una puertecita del tamaño de mi puño empotrada en el tronco de un árbol.
-Ya… Por esa puerta pasaría como ratón, supongo.-
-¿Si paso por detrás de la terraza a dónde llego?- Digo señalando con el dedo a un agujero que dejan los árboles de detrás de la glorieta.- Por allí podría pasar incluso si no me transformas en ratón. ¿Verdad?-
-Por allá irías a algún sitio fuera de aquí, ciertamente. ¿Pero no te da miedo? Parece oscuro y las ramas tienen formas extrañas.- Dice agachándose y señalando también.
Se levanta, damos la vuelta y nos volvemos al centro del claro frente al círculo de piedras más o menos.
-Bueno, no creo que haya mucho más que necesitemos hablar ahora mismo.- Digo mientras le doy un vistazo a todo.-
-No lo parece.- Afirma soltándose de mi brazo y separándose un par de pasos atrás.- Me iré entonces.
-¿Podrías decirme como te llamo de nuevo? ¿Qué símbolo uso?
– Ya sabes que no voy a decírtelo.-
– Está bien, lo respeto.- Le sonrío.- Crearé un sello para mi simpatía contigo igualmente, pero pensé en pedírtelo por si te sentías más cómoda con otro que pudieras darme tu misma. En cualquier caso, gracias por el momento que me has regalado.- Vuelvo a tomar su mano y esta vez le doy un beso en los nudillos pero me fijo en que lleva un anillo con un emblema parecido a una rosa.- Espero que nos veamos pronto.
En lo que tardo en ponerme derecho de nuevo y refrescar la vista ella ya se ha ido, sin ruidos, ni rastros ni visiones por el rabillo del ojo.
Bien, aunque aquí el tiempo no corre igual se me esta haciendo tarde, me pongo a investigar un poco más, me acerco a la puerta de nuevo y me la quedo mirando, pongo una mueca de duda y me pongo a nivel de suelo para mirarla de cerca, la presiono con un dedo, parece que al otro lado hay hueco, me giro hacia la derecha y miro el paso debajo los árboles, efectivamente, está oscuro y parece que hay unas ramas de aspecto bastante feo, no peligrosas pero si algo lúgubres.
Me rasco la cabeza, vuelvo a girarme para el menhir y voy hacia allí, esta vez lo rodeo en el sentido contrario al reloj y entonces lo veo, escondido tras una ilusión óptica hay otro camino de tierra batida como la que hay alrededor de la roca.
Entonces, hay cuatro caminos por los que puedo ir: puedo volver por el mismo camino por el que vine y probar el otro camino, puedo tirar por el camino de la roca, puedo tirar por la puerta o puedo tirar por el camino que hay bajo los árboles.
Al acabar el viaje me siento bien y motivado y si hago un repaso de mí creo que estoy bien, mi estado energético y psíquico están normales.
~> Cosas interesantes de este viaje:
– Ese espacio es muy metamórfico, tal vez por su naturaleza limítrofe.
– No he percibido la aparición o desaparición de ningún objeto o ente.
- El ente que he conocido ha decidido llamarse Maléfica ante mí.
– Las tazas, la tetera, la infusión y el anillo tenían el símbolo de la rosa.
– Ella se ha ofrecido a transformarme en ratón sin pedir nada.
Terrassa, Península Ibérica.
Enciendo una varilla de incienso de canela y la dejo quemar en mi habitación, hay pájaros cantando y tengo puesto de fondo a Aurora que en general es música suave, llevo el gorro de unicornio de Mele y estoy de buen humor.
Me siento en el sofá cama, con las piernas cruzadas y dejo reposar el anverso de la mano derecha sobre la palma de la mano izquierda, regulo mi respiración y cuando el ritmo tranquilo se vuelve constante relajo mi cuerpo a consciencia mientras formo una imagen de mi con el sentido del tacto y la propiocepción.
Cuando la imagen es estable me muevo en mi nuevo medio astral, abro mi nueva visión y allí estoy, en la colina, sentado en mi sitio, frente a la fuente de cara al bosque espeso que representa el límite de mi santuario interior, me levanto y vago un poco por el lugar para acostumbrarme al movimiento y mi percepción del espacio.
Cuando me considero preparado, rodeo la fuente y sigo el camino hacia dentro del bosque, pronto la luz de mi espacio se pierde y es reemplazada por una ambientación verde-violácea en la oscuridad de mis párpados cerrados, las figuras arbóreas forman una pared que parece difícil de franquear, sigo el camino hasta llegar a un cruce, tengo un camino a la izquierda y otro a la derecha, me doy la vuelta y el camino por el que venía ha sido sustituido por otro distinto.
Abro los ojos, me desoriento un poco, voy a mear y vuelvo.
Al volver y entrar de nuevo en esa visión decido tomar el camino que queda a mi izquierda, lo sigo por un momento, el camino sigue curvándose hasta que llego a un claro. allí la iluminación tiene un tinte más verdoso, directamente al frente, unos metros más allá, hay una escalera de peldaños bajos que conecta a lo que parece una terraza o cenador cercado por una baranda robusta de la que salen dos pilares coronados con algo que parecen arcos invertidos, uno de los pilares está roto, caído en medio de la galería, el otro lado se hace imposible de ver ya que la vegetación parece estar conquistando la estructura.
Me adelanto y subo lentamente por la escalera, pero paro en seco porque me parece ver un ojo del tamaño de mi cabeza hacia el final de la terraza, tras un momento de prudencia y precaución termino de subir los últimos peldaños y doy unos pasos hasta la columna caída, otro paso largo y unos más pequeños me llevan al final de la glorieta… Nada raro. El espacio esta hecho como de una piedra granulosa pero suave y de un color crudo parecido al hueso viejo.
Desde ahí arriba veo el resto de la zona, el camino por el que he entrado queda ahora a mi izquierda y justo a bajo, unos metros más allá de la baranda frente a mí hay una piedra puesta de pie, como un pequeño menhir algo más alto que yo, tal vez metro y tres cuartos, parece plantado en el suelo y a su alrededor delimitado por un círculo de piedras la tierra está batida sin maleza ni hojarasca, solo tierra y el pedrusco ahí puesto… a mi derecha se abre otra zona con más plantas a la que me descuelgo desde mi ubicación actual.
Tuerzo a la izquierda desde ahí y me dirijo al megalito, parece normal, doy una vuelta en sentido horario, es una piedra, no tiene grabados, no noto ninguna energía distinta, el tacto es suave y frío, miro el suelo sin descubrir nada raro y al terminar la vuelta veo que en la glorieta ha aparecido una mesita con dos sillas y un set de té para dos.
Levanto una ceja, no he notado nada, tal vez se debe a la naturaleza onírica del lugar, vuelvo a dirigirme a las escaleras, subo y me quedo frente a la mesita, es de confección sencilla, una superficie redonda de piedrecillas variadas haciendo un mosaico azaroso sin formas o patrones concretos y unas patas que parecen hechas de hierro negro. El set de té parece porcelana delicada, blanca y ligera, con los bordes de las piezas reseguidos por una filigrana dorada y adornadas con motivos florales rosados y verdes de trazo sencillo y elegante.
Me lo miro un momento, sopesando, acerco la mano y con el anverso toco la tetera, está caliente y pesa, seguramente está llena. Me rasco un poco la cabeza, me encojo de hombros y me decido a tomar el té. Tal y como cojo la tetera de entre la espesura frente a mi sale un velo disparado, negro como el azabache, que pasa por encima de mi cabeza y cae en medio de la senda. Mi primera reacción es de alerta, suelto la tetera y me giro cubriéndome con las manos -no lo noté!- ante mi se yergue una figura algo más alta que yo, esbelta y cubierta con ropajes opacos pero vaporosos de un color negro y profundo como una noche sin luna, una máscara blanca de rostro apacible pero extrañamente inquietante cubre la cara de ese ser.
Me relajo, no percibo agresividad, pero me mantengo alerta por si se diera el caso. Le pregunto quién es a lo que el ser responde “Maléfica”. Lo que explico ahora es una aproximación de cómo fue el diálogo entre nosotrxs.
– No creo que ese sea tu nombre, pero seguramente resuenas con lo que ese personaje despierta en mi. ¿Hiciste aparecer tu el set de té?
– Si. – Su voz suena tranquila y aterciopelada aunque femenina.
– ¿Quieres que tomemos el té? -Digo mientras señalo la mesita con un gesto de ofrecimiento.-
– Si.- Su respuesta parece honesta.-
Maléfica se desplaza de forma extraña, parece levitar más que andar y entre el tiempo que me da de pestañear y girar la cabeza ella ya está sentándose frente a mi, hago una pequeña reverencia y me siento. Nos sirvo, a ella primero y luego a mi, el agua está caliente y al entrar en la taza chisporrotea un poco, el aroma se abre rápido y una familiar fragancia a rosas sorprende a mi nariz evocando seguridad en mí. Maléfica toma la taza.
– ¿Vas a quitarte la máscara? –
– No. – Dice mientras se acerca la taza y la inclina.-
– Lo entiendo… Uhm… por cierto, con todo el respeto pero yo no voy a tomar té, he leído demasiados cuentos de hadas como para saber que no debo, espero que puedas entenderlo.- Comento con una sonrisa
Percibo el movimiento de tragar y cuando deja la taza es obvio que tomó un sorbo. Interesante pienso para mis adentros.
– Eso es inteligente.- Dice mientras vuelve su mirada a mí.
– ¿Sabes dónde estamos? – Le pregunto gesticulando alrededor.
– Por supuesto. ¿Tú qué crees? –
– Si he de juzgar, creo que esto es un cruce de mi mundo a otros o el punto en que mi alma se encuentra con otros mundos, o algo así.-
– No, no del todo. De momento es una representación de las cosas que tocan tu alma o mejor dicho de como tu alma las interpreta.
– Wow… –
Mientras suelto este asombro me tomo la oportunidad para oler otra vez la infusión de rosas y disfrutar de las sensaciones y los recuerdos. Ella también toma otro sorbo e inclina su cabeza un poco, si pudiera ser osado diría que con algo de curiosidad.
– Puedes ayudarme a salir de aquí y continuar mi camino?
– Tal vez. Si confías en mí podría convertirte en ratón y podrías ir por esa puerta de allí.- Dice mientras señala detrás de mi a la izquierda.
– Discúlpame, pero no creo que confíe en ti tanto como para eso aún.-
– No, no. Al contrario. Es bueno desconfiar de quien conoces por aquí.-
– ¿El té está encantado? – Digo meneando suavemente la taza.
-Si.- Se ríe como una criatura a la que ves haciendo una travesura.-
– ¡Ah… qué lástima! Con lo que me apetecía.- Tiro los brazos atrás y me paso las manos por la cara.- Bueno, no passa res… Pero entonces ¿si se lo tiro a la piedra ocurriría algo?- Señalando la roca con la taza.-
– No creo…-
– ¿Y si me lo bebo, me haré grande o fuerte o algo así?
-Depende…- Dice riéndose un poco.-
-Bueno.- Digo levantándome de un salto.- ¿Le apetece acompañarme a inspeccionar un poco más la escena?
Pongo mi mano derecha tras mi espalda y le doy la zurda en un puño haciéndome parecer un señor mientras le ofrezco una amplia sonrisa. Ella me mira por un segundo, se levanta y mientras me toma el brazo con su otra mano hace un gesto de agarrar que toma una vara justo acabada de materializar del vapor de la infusión y la luz del entorno. La ayudo a pasar el pilar derruido y al tomarle la mano me fijo en que sus dedos son finos y alargados, su mano es suave y tierna como el melocotón pero el color de su piel es de un tono pálido y verdoso en contraste con el de sus uñas que son de un color lila profundo, bajamos las escalerillas y con la calma avanzamos hacia el megalito. La miro, nos desligamos los brazos yo entro en el círculo de piedritas doy la vuelta al pedrusco y la miro de nuevo.
-Aquí hay algo raro, no sé que es y no percibo nada, pero algo me dice que aquí hay un camino.- Digo frunciendo el ceño.-
Ella me mira e inclina un poco la cabeza como quien no entiende algo y luego gira su atención hacia aún más atrás, en la esquina opuesta por la que entré a esta zona. Le vuelvo a ofrecer el brazo y andamos hacia allí siguiendo el camino principal. A los pocos pasos paramos de nuevo y ella señala una puertecita del tamaño de mi puño empotrada en el tronco de un árbol.
-Ya… Por esa puerta pasaría como ratón, supongo.-
-¿Si paso por detrás de la terraza a dónde llego?- Digo señalando con el dedo a un agujero que dejan los árboles de detrás de la glorieta.- Por allí podría pasar incluso si no me transformas en ratón. ¿Verdad?-
-Por allá irías a algún sitio fuera de aquí, ciertamente. ¿Pero no te da miedo? Parece oscuro y las ramas tienen formas extrañas.- Dice agachándose y señalando también.
Se levanta, damos la vuelta y nos volvemos al centro del claro frente al círculo de piedras más o menos.
-Bueno, no creo que haya mucho más que necesitemos hablar ahora mismo.- Digo mientras le doy un vistazo a todo.-
-No lo parece.- Afirma soltándose de mi brazo y separándose un par de pasos atrás.- Me iré entonces.
-¿Podrías decirme como te llamo de nuevo? ¿Qué símbolo uso?
– Ya sabes que no voy a decírtelo.-
– Está bien, lo respeto.- Le sonrío.- Crearé un sello para mi simpatía contigo igualmente, pero pensé en pedírtelo por si te sentías más cómoda con otro que pudieras darme tu misma. En cualquier caso, gracias por el momento que me has regalado.- Vuelvo a tomar su mano y esta vez le doy un beso en los nudillos pero me fijo en que lleva un anillo con un emblema parecido a una rosa.- Espero que nos veamos pronto.
En lo que tardo en ponerme derecho de nuevo y refrescar la vista ella ya se ha ido, sin ruidos, ni rastros ni visiones por el rabillo del ojo.
Bien, aunque aquí el tiempo no corre igual se me esta haciendo tarde, me pongo a investigar un poco más, me acerco a la puerta de nuevo y me la quedo mirando, pongo una mueca de duda y me pongo a nivel de suelo para mirarla de cerca, la presiono con un dedo, parece que al otro lado hay hueco, me giro hacia la derecha y miro el paso debajo los árboles, efectivamente, está oscuro y parece que hay unas ramas de aspecto bastante feo, no peligrosas pero si algo lúgubres.
Me rasco la cabeza, vuelvo a girarme para el menhir y voy hacia allí, esta vez lo rodeo en el sentido contrario al reloj y entonces lo veo, escondido tras una ilusión óptica hay otro camino de tierra batida como la que hay alrededor de la roca.
Entonces, hay cuatro caminos por los que puedo ir: puedo volver por el mismo camino por el que vine y probar el otro camino, puedo tirar por el camino de la roca, puedo tirar por la puerta o puedo tirar por el camino que hay bajo los árboles.
Al acabar el viaje me siento bien y motivado y si hago un repaso de mí creo que estoy bien, mi estado energético y psíquico están normales.
~> Cosas interesantes de este viaje:
– Ese espacio es muy metamórfico, tal vez por su naturaleza limítrofe.
– No he percibido la aparición o desaparición de ningún objeto o ente.
- El ente que he conocido ha decidido llamarse Maléfica ante mí.
– Las tazas, la tetera, la infusión y el anillo tenían el símbolo de la rosa.
– Ella se ha ofrecido a transformarme en ratón sin pedir nada.
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