Martes 19 de Mayo de 11720 e.H - 14:00 a tiempo roto
Terrassa, Península Ibérica.
Esta vez no he puesto incienso y la música es Tranquilitas de NUMA, he dejado la ventana entreabierta. Me siento en el sofá, me relajo, respiro paz hasta que todo mi ser se encuentra en calma.
Hoy el día es claro, hay pajaritos cantando y algún que otro grito.
Me cuesta un poco y hay varias interrupciones.
Tomo consciencia de mi cuerpo, de mi mente, de mi espíritu e intento mover mi vehículo astral en la oscuridad de la meditación.
Ahora, sin problemas.
La yerba se siente fresca y me hace cosquillas allí donde toca mi piel, reconozco el espacio, hay el chisporroteo del agua cayendo por la fuente, abro mi visión y ese momento suspendido de crepúsculo inunda mi percepción, me incorporo, miro alrededor. No hay cambios en mi santuario interior. Me levanto. Me acerco a la fuente y toco la piedra granítica de la que esta hecha. Es importante embriagar los sentidos con esta nueva realidad para afianzarme en ella.
Cuando me siento más o menos estable rodeo la piedra y sigo por el camino, siguiendo el mismo hilo de agua que sale de la fuente hacia el bosque. Realmente no sabía si aparecería en el mismo sitio que terminé ayer. Esta vez al enfilar por el camino y llegar al cruce he ido directamente hacia la derecha, prefiero conocer bien mis vecindades que profundizar mucho en una dirección y descuidar la otra. El camino serpentea y está delimitado igualmente por piedras pequeñas. Ando un rato pero al poco empiezo a fijarme que los árboles son algo más grandes que antes, sigo andando con cuidado de no tropezar con algunas raíces que sobresalen del suelo.
Miro a un lado y veo que fuera del camino justo al lado de las piedras hay unos seres diminutos, los más grandes son como mi mano abierta y los más pequeños me cabrían en la palma.
Según avanzo los seres me miran y se mueven conmigo escalando ramas caídas, piedras y sorteando los obstáculos como pueden. Me recuerdan a los kodamas de la mitología japonesa, al principio los confundí con piedras, pero en seguida me percaté de su vitalidad.
Llego a un ensanchamiento en el camino, la nueva escena se dibuja para ser cortada de inmediato por un río poco caudaloso que pasa de mi derecha hacia mi izquierda, saltando desde un desnivel hacia el bosque. Los kodamas se detienen y se amontonan unos sobre otros, su paso parece estar dificultado por unos hilos de agua que en vez de pasar por detrás de un gran árbol viejo y moribundo se dispersan por otras rocas y pasan por delante del susodicho árbol para reunirse luego con el río de nuevo e internarse en la espesura, a mi derecha, más allá del montón de pequeños espíritus del bosque me fijo en un camino más estrecho que parece subir hacia arriba, seguramente escalando el saliente rocoso y más adelante, más allá del riachuelo, el camino sigue su curso también hacia dentro del bosque.
Tomo asiento sobre unas rocas grandes a mi izquierda y saco una manzana roja como la sangre mientras sopeso lo ilógico que es que los kodamas no atraviesen el hilo de agua. Los veo, en segundo plano, levantando sus pequeñitos brazos en un gesto que parece pedir ayuda. Miro la manzana, los miro a ellos y veo como desde mi lado del camino otros duendes están subiendo por la roca y por mis piernas, su presencia sobre mí cuerpo me produce cosquillas y una sensación de electricidad estática. Me río mientras siguen subiendo y cuando quiero darme cuenta tengo a unos cuantos envolviendo mis manos agarrando la manzana.
Me levanto suavemente y dejo la manzana encima de las rocas.
- Está bien, está bien, si queréis la manzana es vuestra, jajaja...
Los que estaban sobre mí ahora están bajando y se dirigen a la manzana que de repente estalla convirtiéndose en un árbol que crece tuerto por encima del río soltando un mascullo que me recuerda a una mezcla de lamento y bostezo.
- Wow!
Pego un paso largo hacia atrás y contemplo un momento lo que acaba de ocurrir, me ha parecido precioso. Asiento y sonrío. Cojo tres piedras más bien planas y las pongo sobre los hilos de agua construyendo un puente para los kodamas sin impedir su regreso al cauce principal. Los kodamas vuelven varias veces la vista entre las piedras y yo, lo hacen lentamente y sin expresión. Parecen algo lentos de comprensión. Doy un paso en dirección al árbol viejo, me arrodillo y doy unos toquecitos sobre el pequeño puente, de repente los kodamas parecen darse cuenta que pueden cruzar por encima y se apresuran a hacerlo. Me levanto y me pongo a un lado.
Según los pequeños duendes van cruzando se ponen todos en corro alrededor del árbol y cuando el círculo queda cerrado se ponen a hacer un baile muy cuco, primero levantan las manitas hacia arriba como implorando al árbol, después parece que dan unas pataditas y luego dan una vuelta en sentido contra horario con una patita en el aire, cuando acaban esto dan un pasito al lado y repiten los mismo.
Tras unos instantes de bailar unos puntos de brillo empiezan a subir del suelo oscuro y fértil hacia la copa del árbol, parece pulsar y percibo una energía distinta en el ambiente. El árbol ahora empieza a recuperar una cierta tensión en las ramas, el color de su corteza se vivifica tomando ricas tonalidades de rojizo oscuro. Los kodamas parecen alegres y lo celebran, algunos saltan, otros juegan y otros parecen seguir haciendo bailes monos. La escena me parece tierna pero sin poder disfrutarla mucho me invade la idea de acostarme frente al árbol y lo hago.
Mi cabeza queda recostada en dirección al río y mis pies quedan mirando hacia mi camino de venida. Los kodamas me miran, se miran entre ellos y empiezan a rodearme, se dan las manos y hay un momento de quietud, hago una respiración para relajarme y tímidamente uno rompe la hilera y se me acerca, prestos, los otros le siguen y se amontonan sobre mi lado derecho, empiezan a presionar mi cuerpo con sus manitas y noto decenas de diminutas cosquillas sobre el cuello, el hombro, el brazo y las costillas. Por un rato he dejado de sentir el bulto que tengo en la tiroides. Ha estado guay, casi me duermo.
Tras eso me levanto y me permito disfrutar un rato más de la sensación de paz que hay en ese lugar. Me siento un rato a la sombra del árbol y veo que los kodamas están subiéndose por los contornos de la corteza. Por hoy ya está pero creo que la próxima vez les haré también un puente para pasar el río.
Los caminos que puedo tomar desde ahí son seguir al frente cruzando, subir por el saliente y volver atrás. Aunque creo que según cómo podría seguir el curso del río, incluso si es más difícil.
~> Cosas interesantes de este viaje
- Ha sido más corto, pero he conseguido notar la vibra del lugar.
- He encontrado kodamas o algo que se les parece.
- Esos seres parecen amigables y más bien beneficiosos.
- No sé si el no pasar por el agua ha sido real o para engañarme.
- El árbol rojo me dio la impresión de estar enfermo.
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